EL REY Y LOS CABALLOS

 

Érase una vez un reino lejano cuyo modo de vida dependía completamente de los caballos.
Los caballos se utilizaban para viajar, para trabajar la tierra, para transportar mercancías y muchas otras labores fundamentales.

Un día, mientras estaba visitando sus caballos, el rey de este reino observó como uno de ellos, el cual le había servido de montura durante muchos años, se encontraba cubierto de moscas. A los pocos días el caballo murió.

—¡No puede ser! —pensó el rey—los caballos son fundamentales para nuestro reino. Hay que evitar bajo cualquier medio que las moscas maten a más caballos.

El rey reunió al consejo de sabios del reino y juntos decidieron que lo mejor sería ordenar encerrar a todos los caballos y de esta forma evitar al máximo el contacto de estos con las moscas e impedir que las moscas se propagasen de caballo a caballo.

—Los caballos solo podrán salir para labores imprescindibles. Así lograremos evitar que las moscas maten a más caballos—pensaron—hay que conseguir que las moscas desaparezcan.

Pero lo que el rey y el consejo de sabios no entendían es que, los caballos, cuando no pueden jugar al aire libre en libertad y trotar al sol, se ponen tristes, se sienten cansados y se debilitan. Ni, que cuando los caballos se debilitan, una simple mosca, que un caballo sano mataría de un coletazo, causa una plaga de moscas alrededor del caballo.

A los pocos días llegó la noticia al rey de que las moscas estaban acabando con todos los caballos. La peor parte se la llevaron los establos donde estaban encerrados los caballos más viejos y débiles. Había tal cantidad de moscas en dichos establos que hasta los caballos viejos que estaban más fuertes y sanos acababan muriendo.

Al recibir la noticia, el rey y su consejo de sabios pensaron —estas terribles moscas son peores de lo que pensábamos, aún sigue habiendo demasiados caballos sin encerrar que transmiten moscas, hay que endurecer aún más los encierros.

El rey así lo hizo, ante lo que algunos campesinos se reunieron y pidieron audiencia con este.

—Su majestad, no podemos trabajar sin los caballos, nos quedamos en la pobreza y tenemos hambre, no sabemos cuánto podremos continuar así. Además, los caballos siguen muriendo pese a tenerlos encerrados—explicaron los campesinos al rey—quizás deberíamos terminar con el encierro.

—¡Silencio! —gritó el rey— ¿acaso sabéis vosotros más que el consejo de sabios? Es por culpa de los que cuestionáis estas medidas y no encerráis lo suficiente a vuestros caballos que las moscas son un problema cada vez mayor. Decreto prohibido cuestionar las medidas del consejo de sabios.

Los caballos permanecieron encerrados y sus muertes aumentaron sin parar. El reino fue empobreciéndose, mientras aquellos que se atrevían a sacar sus caballos porque consideraban que no tenía sentido encerrarlos o porque los necesitaban para comer eran rechazados y marginados por el resto de los súbditos del reino, que no dudaban en echarles la culpa de la situación.

Pasaron los años, el reino se sumió en la pobreza y muchos caballos murieron. Un día, se acercó a visitar al rey un viejo amigo, rey a su vez de un país vecino. Al ver la pobreza y la miseria que asolaba el reino y la escasez de caballos se quedó sorprendido.

— ¿Qué ha pasado aquí? —preguntó el amigo del rey—vuestro reino siempre ha sido rico y próspero. ¿Cómo ha podido acabar en esta situación?

—¿Acaso no habéis sufrido una plaga de moscas en vuestro reino? —preguntó extrañado el rey— En nuestro reino ha sido terrible, ha causado la muerte de miles de caballos y traído la pobreza a nuestra gente—afirmó convencido.

—No, por suerte nuestro reino sigue tan próspero como siempre y nuestros caballos fuertes y saludables.

—¡Que afortunado es vuestro reino! Pero deberíais ir con cuidado y ser precavido, muy probablemente la plaga de moscas llegue pronto a vuestras tierras también.

El rey del país vecino se fue preocupado. Al día siguiente el rey reunió a su consejo de sabios.

 

 

Raúl Pérez P.G. @corrnotcausa

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